El 21 de septiembre, la Fundación ELIC Córdoba organizó la Jornada para la Paz en la Escuela Olga Cossettini, Fundación La Huella, con la participación de niñas, niños y adolescentes de los niveles inicial, primario y secundario.
Bajo el tema «La Paz como talento de la niñez: reflexión, vivencia y acción colectiva», la jornada propuso explorar la paz desde diferentes experiencias educativas, promoviendo la participación activa de la niñez y la reflexión sobre cómo construir relaciones más respetuosas y solidarias en la vida cotidiana.
La propuesta se desarrolló mediante cuatro experiencias que integraron el movimiento corporal, el juego, la armonización sonora y la expresión artística, ofreciendo distintas maneras de reconocer, expresar y poner en práctica la paz.
El cuerpo como camino hacia la paz
La jornada comenzó con la actividad «Gimnasia Psicomotora Postural para la Niñez», que incluyó ejercicios de flexibilización, coordinación y conciencia corporal. A través del movimiento y la respiración profunda y pausada, las niñas y los niños fueron invitados a reconocer cómo el cuerpo puede contribuir a recuperar la tranquilidad y la serenidad.
Estas experiencias favorecen la atención, el conocimiento del propio cuerpo y la autorregulación. Reconocer las señales corporales asociadas con la tranquilidad, la tensión o el enojo puede ayudar a la niñez a expresar sus emociones de manera más consciente y a afrontar situaciones cotidianas de convivencia.
La paz también se aprende a través del cuerpo: al respirar, escuchar, respetar los tiempos propios y compartir el movimiento con los demás.
Aprender a convivir a través del juego
Mediante una actividad lúdica con títeres, las niñas y los niños se acercaron a situaciones de convivencia a través del juego, la imaginación y la representación de personajes.
Este recurso permite abordar de manera cercana situaciones como los desacuerdos entre compañeros, la dificultad para compartir, la exclusión y la importancia de escuchar diferentes puntos de vista. Al identificarse con los personajes, los participantes pueden reconocer emociones, reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones y explorar formas respetuosas de resolver conflictos.
¿Cómo se siente alguien cuando no lo escuchan? ¿Qué podemos hacer cuando tenemos opiniones diferentes? ¿Cómo podemos reparar una situación que lastimó a otra persona?
Estas preguntas permiten transformar la paz, de una idea abstracta, en una experiencia que puede comprenderse, representarse y practicarse. Aprender a convivir también significa descubrir que podemos expresar lo que sentimos, escuchar a los demás y buscar soluciones en conjunto.
Armonización sonora: escuchar para encontrar la serenidad
La jornada también incluyó una experiencia de armonización sonora con cuencos, que invitó a las niñas y los niños a hacer una pausa, escuchar los sonidos y prestar atención a sus sensaciones.
Este espacio de calma y escucha consciente les ofreció la oportunidad de reconocer sus propias percepciones y compartir un momento de silencio y respeto. La escucha atenta y las pausas durante la jornada educativa pueden favorecer la atención y ayudar a transitar entre distintas actividades con mayor serenidad.
Cultivar la paz también implica aprender a detenernos, escuchar con atención y reconocer el valor de compartir espacios de tranquilidad con los demás.
El mural de la paz: una creación de todos
Como expresión colectiva de la jornada, las niñas y los niños participaron en la elaboración del «Mural de la Paz», una propuesta artística que reunió sus ideas, emociones y palabras en una obra compartida.
Cada participante estampó la palma de su mano con témpera y contribuyó a la construcción del mural, incorporando palabras relacionadas con la paz. Cada huella representó una presencia y una forma particular de comprender la convivencia. Al reunirse en una misma creación, las manos expresaron que cada persona puede aportar algo valioso a la construcción de una cultura de paz.
La expresión artística ofrece oportunidades para comunicar ideas y emociones, desarrollar la creatividad y fortalecer el sentido de pertenencia. Además, crear en conjunto permite experimentar la importancia de participar, respetar las contribuciones de los demás y trabajar por un propósito común.
El mural se convirtió así en una invitación a trasladar lo vivido a la vida cotidiana mediante gestos concretos: compartir, ayudar, dialogar, incluir y buscar soluciones pacíficas ante los desacuerdos.
Cada mano deja una huella; cada gesto de respeto, solidaridad y comprensión contribuye a construir la paz.
La paz como talento de la niñez: reflexión, vivencia y acción colectiva
Desde la perspectiva de la Fundación ELIC, la educación para la paz permite reconocer y desarrollar capacidades humanas que contribuyen a construir relaciones más respetuosas, solidarias y conscientes.
La Jornada para la Paz integró cuatro dimensiones complementarias: el cuerpo y el movimiento, el juego y la imaginación, la escucha y la serenidad, y la creatividad y la expresión colectiva. A través de ellas, la paz se abordó no solo como un concepto que se explica, sino como una capacidad que se explora y se desarrolla mediante la participación activa.
La reflexión permite comprender su significado; la vivencia ofrece la oportunidad de experimentarla; y la acción colectiva invita a llevar lo aprendido a las relaciones cotidianas. Estas experiencias pueden contribuir al desarrollo de la empatía, la comunicación, la cooperación y la búsqueda de soluciones respetuosas ante los conflictos, considerando las diferentes edades y formas de expresión de cada participante.
La construcción de una cultura de paz requiere también la participación de las familias, las instituciones educativas y la comunidad, para generar entornos donde la niñez pueda sentirse escuchada, valorada y acompañada en el desarrollo de sus potencialidades.
La Fundación ELIC Córdoba, integrada por los docentes Mirta Navarrete, Elizabeth O’Shea, Mirta Pérez y Esteban Aquin, agradece a la Escuela Olga Cossettini y a la Fundación La Huella, así como a todo el equipo docente y directivo del establecimiento educativo, en particular a las profesoras Anabel Guanino y Emilse Vettori, por su compromiso y colaboración para hacer posible esta jornada.
Gracias a su apoyo, niñas, niños y adolescentes pudieron explorar diferentes maneras de sentir, expresar y construir la paz, porque este también es un talento que podemos descubrir, cultivar y poner en acción desde la niñez.



























































0 Comments