
Lucía Luis - Argentina
Conocí la Fundación ELIC (Escuelas Libres de Investigación Científica para Niños) a los nueve años, casi por casualidad, mientras caminaba con mi mamá. En una tienda vimos un cartel que anunciaba los talleres de las Aulas del Talento, y al leer propuestas como yoga, ciencia y arte, sentí una conexión inmediata que despertó mi curiosidad.
Comencé como alumna y participé de las actividades hasta los 13 años, momento en el que pasé a integrarme como asistente, acompañando y colaborando en distintas tareas dentro de las salas. Con el tiempo, y a partir de mi participación en eventos organizados por la fundación en Cipolletti, fui asumiendo un rol más activo como colaboradora, lo que me permitió involucrarme desde otro lugar y seguir creciendo dentro del espacio.
Paralelamente, me sumé al proyecto de la radio, que surgió con el objetivo de mejorar la comunicación y acercar contenidos a la comunidad, compartiendo curiosidades y conocimientos de manera accesible.
Hoy, con 18 años, reconozco en la Fundación ELIC un espacio que marcó profundamente mi formación, no solo por los conocimientos adquiridos, sino por los valores que me transmitió: la curiosidad, el pensamiento crítico y la motivación constante por aprender. Estos principios fueron fundamentales en mi camino y me llevaron a elegir estudiar Ingeniería Agronómica, siempre impulsada por el deseo de comprender y cuestionar el mundo que me rodea.

Sofía Prado - Costa Rica
Cuando tenía apenas 4 años, tuve la oportunidad de participar en el 10º Congreso Mundial para el Talento de la Niñez, realizado en octubre de 2019 en Bogotá, Colombia.
Aunque estaba muy pequeña, todavía recuerdo muchas cosas bonitas de ese viaje. Fue la primera vez que me subí en un avión y también la primera vez que conocí a niños y niñas de muchos países. Me sorprendió escuchar otros idiomas y acentos diferentes al mío. Además, me gustó descubrir que, aunque vivíamos en lugares distintos, teníamos muchas cosas en común y podíamos aprender unos de otros.
Actualmente soy la corresponsal de Costa Rica de Noti-Ta (Noticiero para el Talento), un programa de radio de la Fundación ELIC de Cipolletti. Me gusta mucho participar porque hablamos sobre ciencia, arte, filosofía y muchas otras cosas interesantes. Además, tengo la suerte de formar parte del programa desde que comenzó.
Me conecto con niños y niñas de diferentes países para compartir nuestras investigaciones, hacer preguntas y contar cosas curiosas de nuestros lugares. Es una experiencia que me gusta mucho porque siempre aprendo algo nuevo, conozco otras culturas y descubro formas diferentes de pensar.

Ana Chiaruttini - Francia
Lo que me llevó en primer lugar a este Congreso fue una convicción profunda que comparto con la Fundación ELIC: el principio de educabilidad. Se trata de la idea de que todo niño, sea quien sea y esté donde esté, es capaz de aprender, desarrollar su talento y su creatividad, y comprometerse con las más diversas formas de aprendizaje. Es un postulado esencial en las ciencias de la educación y de la formación, además de constituir un posicionamiento ético.
El tema del Congreso fue para mí heurístico en el sentido pleno del término: abría caminos, interrogaba, ponía en movimiento. Entraba en resonancia directa con mis propios trabajos. Y además está América Latina, que constituye un horizonte importante en mi investigación de dimensión intercultural. Poder encontrarme con colegas venidos de casi todo el continente latinoamericano representaba una oportunidad rara y valiosa, tanto intelectual como humanamente.
Lo que llama la atención de inmediato es que el Congreso no limita a los niños a un papel simbólico o decorativo. Los celebra. Hace de la infancia un tema central, vivo, presente. Durante una semana, niños, padres, docentes, investigadores y actores institucionales comparten un mismo espacio de reflexión e intercambio, con la convicción común de que una educación verdaderamente emancipadora es posible.
Esto es algo que no he encontrado en otro lugar. El mundo académico suele tender a compartimentar, las disciplinas, los estatus, los espacios de palabra. Aquí, esas fronteras se borran. Y lo que emerge entonces es algo que quizás no esperaba con tanta intensidad: la esperanza. Frente a las múltiples limitaciones que todos conocemos, todos comparten una voluntad tenaz de creer en la infancia, de protegerla, y de procurar que cada niño pueda encontrar su voz y revelar su talento.
En el último Congreso, fueron sobre todo los docentes con quienes tuve la oportunidad de conversar largamente. Y esos intercambios fueron muy enriquecedores. Lo que más me llamó la atención fue su entusiasmo por participar en las actividades propuestas, pero también su sinceridad al hablar de sus dificultades cotidianas en el aula. Hablan de sus alumnos con un cariño evidente, y buscan activamente las palancas que les permitan hacer evolucionar sus prácticas para responder mejor a las necesidades de cada uno.
También evocan, con lucidez, las restricciones institucionales con las que se topan, y la manera en que aprenden a lidiar con ellas. Hay en esta postura algo a la vez humilde y profundamente valiente. Estos encuentros tuvieron prolongaciones muy concretas: permitieron tejer colaboraciones con colegas, y hoy trabajamos en proyectos comunes que no habrían surgido sin esos intercambios.
También descubrí autores y trabajos que no conocía, y que resuenan con los míos o con otros trabajos realizados en Francia. Pero más allá de los contenidos, es también una forma diferente de plantear las preguntas, de investigar, de construir el pensamiento. Esto obliga a una verdadera modestia intelectual, y es saludable. También abre nuevos interrogantes, que es quizás lo mejor que se puede esperar de un encuentro científico.
